
AMOR es sin duda lo que transmitieron la Princesa Victoria y el que ya es su esposo, el Príncipe Daniel, en toda la boda. Ayer finalmente la heredera al trono sueco se casaba con su entrenador personal que tal y como ella manifestó al pueblo sueco, es su Príncipe.
No sabemos si es por la importancia histórica de la boda o más bien por el cariño que Victoria se ha ganado durante toda su vida gracias a su simpatía y naturalidad, pero Estocolmo se vistió de gala, de fiesta, y de alegría para acompañar a los novios y a sus invitados.
Casi toda la realeza europea quiso estar presente para felicitar a los novios y a sus familias personalmente.


A partir de las 14:00horas, hacían su llegada a través de una larga alfombra azul miembros de diferentes Casas Reales, recibidos por un coro de niños y jóvenes que entonaban canciones suecas.
Ellos iban de frac con condecoraciones y ellas supieron estar a la altura de tal fiesta luciendo elaborados trajes de alta costura y adornadas con joyas de los tesoros reales. Como curiosidad, que muchas de ellas lucieron joyas de familia que no acostumbran a utilizar o que no habían utilizado nunca.
De los primeros en llegar al templo fueron la Infanta Elena y los Duques de Palma. Las dos de Lorenzo Caprile. Elena, con un vestido fucsia acompañada por un bolero de inspiración torera adornada en los hombros con unos madroños de tela a juego con los de la redecilla que le cubría el moño. Como joya, la tiara Marichalar que recibió de regalo para su boda. Un estilismo muy original pero para mi gusto cuestionable para asistir a tal evento.
Cristina quiso estar a la altura y apareció con un vestido de color verde agua de gasa de corte imperio. Como joya, y como novedad, lucía la tiara Cartier de su bisabuela la reina Victoria Eugenia y lucida des de que volvió a aparecer en la Familia Real, solamente por la Reina Sofia.


Más tarde y junto al resto de Príncipes herederos, llegaban el Príncipe Felipe y Doña Letizia. Vestida de Varela, de gasa de color nude con flores aplicadas, con un original recogido adornado con la diadema floral de la reina paseaban la pareja por la alfombra azul.


Entre todos ellos encontrábamos a Alexia de Grecia fiel a su estilo; una siempre elegante Rosario Nadal acompañada de su ex marido; la moderna y llamativa Marta Luisa de Noruega; Haakoon y Mette Marit con un vestido de volantes azul; Guillermo y Máxima de Holanda con un ceñido vestido; o Federico y Mary de Dinamarca, que quiso homenajear Suecia con parte del aderezo de rubíes de la Reina Íngrid.
La Reina Rania de Jordania captaba menos la atención de lo esperado con un vestido seda azul eléctrico, y en cambio la Reina Sofía era elogiada por la elegancia de su vestimenta, un vestido rosado de Margarita Nuez muy parecido al de su nuera.
A poco más de las 15:00 de la tarde empezaba a llegar la Familia Real Sueca. La Reina Silvia acompañada de su hija la Princesa Madalena y el Príncipe Carlos Felipe acompañaba al novio.
Justo después un Rolls Royce paraba delante la Catedral de San Nicolás. De él descendían el Rey y la novia. Vestida como ya se anunció por Par Engshedn, con un modelo de corte moderno, tenía escote barco a juego con el fajín de la cintura de donde salía por detrás una cola de cinco metros. En la cabeza, el velo de encaje que llevó su madre en su boda el mismo día de hacía 34 años y también utilizaba la misma tiara, una diadema de camafeos que había pertenecido a la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón.

La ceremonia fue breve y austera. La pareja de pie en el altar rodeada de familiares y Reyes no pudo contener la emoción y les saltaron algunas lágrimas.
Después de la ceremonia, los novios recorrieron las calles de Estocolmo en carroza e hicieron una travesía en barco hasta finalizar en el palacio Real donde les esperaban todos los invitados para compartir un concierto de música en las escalinatas de palacio junto al pueblo sueco, cenar y después bailar en una fiesta que se alargó aproximadamente hasta las seis de la mañana.
Estocolmo se volcó a la calle y convirtió esa boda Real en una fiesta del pueblo, intentando des de la Casa Real que en todo momento el pueblo se sintiera partícipe e ilusionado con la boda. Quizás eso fue posible por el cariño que sienten los suecos hacia la princesa, o por la curiosidad de ver a Reinas, Reyes, Príncipes y Princesas de todo el mundo, o simplemente, para contemplar la feliz pareja que no dejaban de sonreírse, de mirarse y de decirse “te quiero”.


